Cuando la justicia también abraza: una adopción contada con palabras simples y un diploma
En una decisión que se aparta del formalismo habitual y pone en el centro a los niños como verdaderos sujetos de derecho, el Juzgado de Familia, Niñez y Adolescencia de Mercedes llevó adelante una adopción de integración con un enfoque profundamente humano. La sentencia no solo resolvió una situación legal, sino que se transformó en un gesto cargado de sensibilidad: una carta personalizada y un “Diploma de Familia” destinados a que una niña pudiera comprender, sentir y recordar para siempre que su deseo había sido escuchado.
La iniciativa surgió del trabajo conjunto del juez y del equipo del juzgado, quienes reflexionaron sobre un aspecto muchas veces invisibilizado en los procesos judiciales: cómo se enteran los niños de que una decisión cambia su vida. A partir de ese interrogante, entendieron que el lenguaje jurídico no siempre alcanza y que, en algunos casos, debe ser reemplazado por palabras claras, cercanas y afectivas.
Una historia construida desde el amor
La protagonista de esta historia tiene 9 años y está próxima a cumplir 10. Creció junto a su madre y a quien, desde hace años, ocupa el lugar de padre en su vida cotidiana. Con la llegada de un hermano menor, comenzó a manifestar con naturalidad el deseo de compartir el mismo apellido que el resto de su familia, un anhelo que expresó ante la Justicia con total claridad.
Ese deseo fue finalmente reconocido mediante la adopción de integración, una figura legal que no borra la historia previa de la niña ni sus vínculos, sino que amplía su red de cuidado y protección, consolidando una realidad afectiva que ya existía desde hace tiempo.
Una sentencia que se explica con el corazón
El momento de la notificación marcó la diferencia. En lugar de una comunicación fría o técnica, la niña recibió una carta especialmente escrita para ella, en la que se le explicó, con palabras simples y respetuosas, que su pedido había sido tenido en cuenta y que, desde ese día, su familia quedaba unida también desde lo legal.
El mensaje buscó reforzar una idea central: su voz fue escuchada y su opinión tuvo valor en una decisión que la involucra directamente.
Un diploma para recordar
Como cierre simbólico, el juzgado entregó un “Diploma de Familia”, un documento pensado no desde lo jurídico, sino desde lo emocional. Allí se destaca que lo que une a esa familia no es solo un apellido, sino el amor, el compromiso, el respeto y el cuidado mutuo.
Justicia cercana y con rostro humano
La experiencia deja un mensaje claro: el acceso a la justicia no se limita a resolver expedientes. También implica garantizar que quienes atraviesan estos procesos —especialmente los niños— puedan comprenderlos y sentirse parte de ellos.
Con este tipo de decisiones, la Justicia de Mercedes marca un camino posible: uno donde el interés superior del niño no queda solo en los papeles, sino que se traduce en prácticas concretas, empáticas y profundamente humanas.










