Mercedes : La ley en pausa: un comisario por encima de las ordenanzas

Mercedes : La ley en pausa: un comisario por encima de las ordenanzas

La línea que separa el uso legítimo del poder del abuso de autoridad es cada vez más delgada y, una vez más, quedó expuesta en la agenda pública de Mercedes.

Durante las celebraciones de Navidad y Año Nuevo, la Dirección de Comercio del Municipio llevó adelante un trabajo minucioso en materia de habilitaciones y control de espectáculos, estableciendo horarios claros y excepcionales para eventos puntuales. En ese marco, y de manera extraordinaria, se autorizó una extensión horaria hasta las 7 de la mañana para uno de los eventos más importantes de la ciudad.

Sin embargo, lo que ocurrió en la madrugada del Año Nuevo encendió todas las alarmas institucionales.

Inspectores municipales constataron que una fiesta realizada en un club ubicado en cercanías del cuartel militar continuó hasta las 10 de la mañana, es decir, tres horas por fuera de lo autorizado. La sorpresa fue aún mayor cuando, al intentar hacer cumplir el horario establecido, se encontraron con una respuesta tan insólita como grave:
el evento continuaría por orden directa del comisario a cargo de la Comisaría Segunda, José Rodríguez.

A partir de ese momento, se desató un escenario de desorden institucional que deja más preguntas que respuestas.

Mientras la Policía “ponía la chapa” y avanzaba sobre atribuciones que no le corresponden, personal de Tránsito municipal debió sostener un operativo de gran magnitud sobre la ruta que une la ciudad con el lugar del evento, extendiendo su labor varias horas más de lo previsto.

La pregunta es inevitable:
¿Quién paga esas horas extras?
¿Quién asumía la responsabilidad si ocurría un accidente dentro o fuera del predio?
¿Quién respondía ante una emergencia sanitaria o un hecho de violencia?

Pero el interrogante central es aún más profundo y preocupante:
¿Tiene un comisario facultades para extender el horario de una fiesta por encima de las ordenanzas municipales vigentes?

Si la respuesta es no —como todo indica— entonces no estamos ante una simple desprolijidad, sino frente a un acto de abuso de autoridad que vulnera el orden legal y el principio básico de convivencia institucional.

Y si la respuesta fuera sí, algo que nadie ha podido demostrar hasta ahora, entonces el sistema de controles municipales queda reducido a una formalidad sin peso real.

El antecedente que se deja es grave.
Porque si un comisario puede, por decisión propia, modificar habilitaciones, extender horarios y desautorizar al Municipio, el mensaje es claro y peligroso:
las normas locales dejan de regir cuando alguien decide imponer poder por sobre la ley.

Por eso, los interrogantes quedan abiertos y exigen respuestas urgentes:

  • ¿Debe el Municipio actuar contra la Policía o contra los organizadores del evento?
  • ¿Quién es la autoridad competente para autorizar una extensión horaria?
  • ¿A partir de ahora los eventos deberán pedir permiso en la Municipalidad o directamente en la comisaría?

Lo más preocupante no es solo lo ocurrido, sino el precedente que se sienta.